Responsabilidad impresa en el ADN

Mucho se ha hablado sobre la mala reputación de los empresarios últimamente, y todos hemos sido testigos de un sentimiento anti-corporativo que invade a varios – especialmente a las nuevas generaciones – quienes además han mostrado un cambio radical en sus prioridades y actitudes frente al trabajo y calidad de vida.

Si bien es cierto que la reputación es una de esas cosas que no se puede comprar, y cada uno crea la suya en base a sus acciones y carácter, parece una generalización muy grande meter a todos los empresarios, líderes corporativos y emprendedores en el mismo saco de esos que hacen noticia con sus escándalos de corrupción, colusiones, estafas y atentados contra el medio ambiente.

No parece haber razones que indiquen que las corporaciones pueden cultivar una conciencia antes que el resto de la sociedad.

Antes de generalizar – sin ánimos de defender a antisociales que se mueven fuera del marco de la ley – es importante poner todo en contexto, y entender que la conciencia requiere de tiempo para formarse, y que no parece haber razones que indiquen que las corporaciones pueden cultivar una conciencia antes que el resto de las personas, sino más bien todo lo contrario.

Las grandes estructuras, pirámides jerárquicas y la falta de innovación dentro de las organizaciones son algunos de los factores que pueden llevar a una corporación a estar des-alineada con las preocupaciones, preferencias y motivaciones – “la conciencia” – de las personas. Una corporación que no es suficientemente consciente, puede incluso llegar a ser irresponsable con sus empleados, clientes, el medio ambiente y con todos aquellos a quienes afectan las desiciones que toman sus ejecutivos y líderes, aún mientras cumplen con la ley.

En este sentido, el problema parece estar en la brecha que existe entre la velocidad a la cual se va creando una conciencia colectiva entre personas sobre distintos temas, y el nivel de  conciencia generado sobre los mismos temas en las empresas o personas jurídicas que conviven con ellas. Esto es importante porque las grandes corporaciones, medianas empresas y pequeños negocios tienen la capacidad de afectar su entorno a gran escala, ¡y también de manera positiva! – No solo generan empleos, crean tecnología y agregan valor con sus productos y servicios, también juegan un papel clave en la educación, la calidad de vida de las personas, en el cuidado del medio ambiente y en la conservación de patrimonio y la cultura de la sociedad, son agentes de cambio importantísimos.

Por un lado, tenemos a las grandes empresas. Organizaciones enormes y sofisticadas de gente trabajando juntos dentro de una estructura de mando bien definida y estudiada, con responsabilidades acotadas a su área específica de conocimiento y objetivos delineados desde la cúpula de una enorme pirámide. Un pequeño cambio en la forma de hacer las cosas aquí tiene un potencial gigantesco de impacto sobre su entorno. Pero el tremendo “momentum” que estos gigantes tienen en una dirección, los hace insensibles a pequeños baches en el camino. Solo un obstáculo considerable – ojalá visto a lo lejos desde la cúpula – amerita una vuelta en el timón.

La tecnología y las redes sociales parecen estar reduciendo las distancias entre las cúpulas y las bases de las pirámides, al mismo tiempo que hacen resonar mucho más fuerte que antes la voz de todos los que están en el camino de estos gigantes y sus alrededores. Es muy bueno ver como cada vez más empresas están invirtiendo recursos para fomentar la innovación dentro de sus organizaciones y generar cambios que les permitan ser más ágiles, maniobrables y alineados en términos de conciencia con las personas de su entorno.

Por otra parte, tenemos a pequeños startups que están constantemente innovando y arriesgándolo todo para generar cambios disruptivos. Al contrario de las grandes corporaciones, las empresas en etapas tempranas son tan ágiles que incluso pueden pivotear y cambiar de dirección varias veces en corto tiempo, y hacen todo lo que está a su alcance para mantener su centro de gravedad bajo con estructuras planas ya que este atributo es clave para su subsistencia. En gran medida dependen de la capacidad de su gente para colaborar, adaptarse a cambios y ser creativos. Es aquí donde la persona jurídica se parece más a la persona natural. Donde es más fácil para los fundadores y sus equipos transmitir sus valores y reflejar su personalidad en la manera de hacer las cosas.

Las personas que están lo suficientemente locas como para pensar que pueden cambiar el mundo… son quienes lo cambian.steve jobs

Hoy existen en el mundo cerca de 4,000 Benefit Corporations legalmente constituidas, y 2,000 empresas con la certificación “B-Corporation” de B Lab. Estas empresas cumplen con estándares que resguardan los intereses de sus clientes, empleados, medio ambiente y comunidades tanto como los de sus accionistas, y son un reflejo de la falta de conciencia percibida en las corporaciones de hoy.

Es muy alentador ver como surgen cada día más empresas innovadoras que tienen la responsabilidad impresa en su ADN, y como el gobierno se ha movido en la dirección correcta al hacer esfuerzos por crear un ecosistema de emprendimiento que fomenta su nacimiento y desarrollo.  En la medida que estos negocios sean capaces de probar que son rentables, lograrán inspirar a otros, y generarán un círculo virtuoso cada vez más grande de personas naturales y jurídicas, que están alineados en sus valores y motivaciones.

Por supuesto que siempre va a existir una masa de gente que mira a estos innovadores como bichos raros. Incrédulos, “non-believers”, conservadores – llámenlos como quieran – que seguramente son los mismos que se entretienen viendo escándalos en los medios de comunicación. Para ellos todos los que se mueven fuera de su zona de comfort están locos, y como bien dijo Steve Jobs “las personas que están lo suficientemente locas como para pensar que pueden cambiar el mundo, son quienes lo cambian”.

 

 

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